Rodrigo Zarate

Nacido y criado en los limites de la clase media y la marginalidad se desenvolvió en múltiples trabajos desarrollando habilidades que rayan en la criminalidad y la desfachatez de un oriundo de la capital, con el interés de conocer nuevos lenguajes comienza a investigar las cualidades y la importancia de una representación visual que fuese exclusiva de los limites.

La televisión y las caricaturas se convierten en el soporte para lograr trasmitir ideas a la gente en general, su proceso a través de la vida que estimula agresividad le da para conocer e involucrarse de manera natural en actos ilegales, inmorales y de dudoso juicio, conviviendo con sectores mínimos donde el habla y el comportamiento se ponen a escrutinio, su habilidad para comunicarse de manera visual y su aceptación dentro de estos grupos dan pie a la creación de un lenguaje pictórico usando el material que surge de estos sitios y de los actos que emergen de su proceso de conocimiento, exprimiendo información para su representación. El proceso de creación esta dado por la objetualización de los actos mas viles a los que me he sometido y me someteré cosas tales como el uso desmedido de estupefacientes, la obsesión por la pornografía dura y la violencia gráfica y el fetichismo, fuentes que se convirtieron en motivadores para entender un lenguaje basado en los limites de una marginalidad visual que excluye toda concepción ajena a la negatividad.


Para poder apreciar la obra de Rodrigo Zárate es necesario estar parados en el terreno de la enfermedad burroughsiana, no en el sentido de la adicción a las drogas sino en la pirámide de la droga en el que el de arriba devora al de abajo regido por tres principios básicos de este monopolio: “1. Nunca des por nada. 2. Nunca des más de lo que tienes que dar (tener al comprador siempre hambriento y hacer esperar siempre). 3. Recuperar siempre todo lo que te sea posible”. (BURROUGHS, 1989). Dentro de este monopolio del virus el traficante siempre recupera todo y el adicto necesita cada vez más para mantener su forma humana desnuda; de esta manera, la droga es el producto ideal como mercancía que opera desde el álgebra de la necesidad: “El drogadicto es un hombre con una necesidad absoluta de droga. A partir de cierta frecuencia, la necesidad no conoce límite ni control alguno”. (BURROUGHS, 1989). En este monopolio del virus y del álgebra de la necesidad se está dispuesto a todo: a mentir, a traicionar, a robar, a lo que sea con tal de un gramo más.
Así es el trabajo de Rodrigo Zárate, no porque esté construido desde la adicción, ni porque sea una adicción, sino que es la droga misma; es ese almuerzo desnudo que nos muestra el anacronismo, lo obsceno, lo bárbaro y lo repugnante que es la vida alienada. Se nos enseña a pensar, a mirar, a creer; se nos indica la edad justa para casarte, tener hijos y formar una familia; te adoctrinan desde un credo y desde una ideología política. Pero todo eso es una máscara que disfraza lo real y crea un imaginario de lo bello. Carne Negra de Rodrigo Zárate es la exposición que nos muestra a ese Cristo bajado de la cruz para pedir perdón por todo lo que la historia hizo en nombre de su padre, es la presentación de la familia heterosexual donde el padre viola a sus hijas y su hijos fornican con los perros. Carne Negra será ese pinchazo que nos hará escuchar nuestro propio cuerpo.